19.3.05

Lápida

Cierro el blog, lo siento. No puedo con él, ni siquiera tiene sentido.

Dejo los archivos como contribución al ruido, que también es una forma de música.

Inscripción para la lápida:

esta música botiquín
este perfil de agujas de aire, humo y
tos, el vavivén del último vagón
esta música ronquido

esta plastilina en mis dedos, esta
voz de arena como levadura
fermentando

esta música color vinagre, igual a
la mirada de una joven
ahogada

esta música biología, mira,
amanece, no subas
el volumen

esta música para huesos débiles,
a la deriva en la mancha
de tus ojos

esta música astillada, que ninguna cintura en
todo el hemisferio norte puede
dejar de bailar

esta música goteando, no hay cruz roja para
los escombros, esta música
de perfil

esta música abrigada en porcelana, esta
música, esta música de
tal vez mañana
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28.2.05

Regresión



The great destroyer
Low


Sigo viendo a Pink Floyd, sigo viendo muertos.

low
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24.2.05

Sencillo



Alternative to love
Brendan Benson

Siempre harán falta músicos como Brendan Benson, admirables en su sencilla aproximación al pop de pregunta-respuesta.

“The alternative to love”, su tercer disco, era un trabajo esperado tras “Lapalco” (2002), que confirmó las expectativas del lejano “One Mississippi” (1996), problemático estreno de Benson, apadrinado por el notable Jason Falkner (Jellyfish) pero rechazado por varias compañías editoras.

Benson no decepciona.


Power pop clásico grabado con intenciones ideológicas -incluso la mesa de mezclas era analógica y el ‘master’ fue recogido en cinta de bobina- y con pristinas guitarras acústicas.

Buenas canciones –“Spit it out”, sobre todo-, ¿para qué más?.

brendan benson
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23.2.05

Lecho



Viaticum
E.S.T.

No imagino mejor música para la niebla y el frío que el noveno disco del Esbjörn Svensson Trio –que ha reducido su nomenclatura a las siglas E.S.T.-: su tono es disimulado y profundo como un lecho.

Ajenos al reparto de poderes vigente en los tríos de piano, bajo y batería, la ecuanimidad de las partes sigue presente en “Viaticum”: Dan Berglund, Magnus Öström y Esbjörn Svensson están siempre a la misma altura. Ésa es su gracia y la imponente verdad que les separa de, por ejemplo, el prodigioso Brad Mehdlau, cuyo virtuosismo anula siempre a los acompañantes.

E.S.T. siguen jugando con la reverberación y la distorsión casi como si tratase de una banda de rock. En “The unstable table & the infamous fable” hacen que la cacofonía sea fluido, en “Letters from the Leviathan” son casi demoníacos en su poder y "Tide of trepidation" es la mejor canción de su carrera.

Místicos, duros, silenciosos. Poesía.

e.s.t.
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Pleitesía



Trials & errors
Magnolia Electric Co.


El inquieto Jason Molina deja atrás Songs: Ohia para elegir como marca el nombre de uno de los mejores discos del grupo, “Magnolia Electric Co.” (2003).

“Trials & errors” fue grabado en directo en Bruselas, precisamente,poco después de que Molina decidiese dar descanso a su vieja banda, hacer algunos cambios en la formación –aunque el gran guitarrista Jason Groth sigue a su lado- y, a grandes rasgos, seguir haciendo lo mismo: rendir pleitesía a Neil Young, a quien admira sin tapujos.

No hay demasiadas novedades. Si acaso, la constatación de que el tímido Molina se atreve a cantar ahora con mayor pegada. Algunas viejas canciones de Songs: Ohia (sobre todo la desesperada “Cross the road”) ganan con el cambio.

songs: ohia
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20.2.05

Puerta



Blinking lights and other revelations
Eels

El líder de Eels, Mark Oliver Everett (que prefiere ver reducida su filiación a la modesta letra E.) ha decidido saldar cuentas con su pasado como hicera en el dolorosísimo “Electro-shock blues” (1998), grabado tras el suicidio de su hermana y la casi simultanea muerte de la madre de ambos.

Esta vez se trata, nada menos, que de buscar a dios y su terrible gloria.

No es novedad resaltar la genialidad de E., un compositor de vieja escuela, incapaz de resolver dilemas por la vía fácil de la complacencia.

Su anterior disco, “Shootenanny!” (2003) fue saludado nada menos que por Tom Waits –juez incorruptible- como el mejor del año y muchos, cuando necesitamos refugio, aún acudimos a la belleza, ecuánime en su turbiedad, porque lo bello está reñido con lo perfecto, de “Daisies of the galaxy” (2000).

“Blinking lights and other revelations”, un doble disco, es extraordinario y, aún a riesgo de que parezca una temeraridad decirlo a estas tempranas alturas, creo que será uno de los mejores de este año. Acaso el mejor.

“El cielo azul que ilumina el día tras una terrible tormenta”. Así resume E. sus intenciones artísticas: las alas de un avión, allá arriba, ofreciendo un signo de salida. Quizá la única puerta esté alta, pero no es inalcanzable.

Estamos ante la crónica de un tipo desplazado y, por ende, veraz.

Algunos rasgos de E.:

Su padre, Hugh Everett fue el físico que inventó la teoría de los mundos paralelos. El hijo los transita.

Cuando su hermana Nancy se suicidó, dijo: “Hubiese acabado haciendo lo mismo hace tiempo excepto por una cosa: la música. Tengo mucha suerte de tener algo a lo que asirme. Por eso me tomo la música tan en serio. Quizá demasiado en serio. No hay nada más”.

Cuando los (obscenos) editores de los diarios de Kurt Cobain le pidieron que escribiese unas líneas para la capa del libro, remitió esto: “Por favor, no me hagáis lo mismo cuando me mate”. (La nota no fue utilizada).

En su primera actuación en el show televisivo del ‘liberal’ David Letterman, tras haber sido advertido de que estaba prohibido usar lenguaje malsonante, cambió de planes e improvisó un ‘medley’ de las muchas canciones que alguna vez han sido censuradas en la televisión estadounidense.

Advertencia: éste no es un disco moderno. Hay demasiados fantasmas para que lo sea: ferrocarrileros en el desempleo, abuelos sin esperanza, El Locutor Tom Waits (en una aparición estelar) e incluso John Sebastian (aquel hippie meloso de Loovin’ Spoonful) coescribe y canta en una canción…

Escuchen “Blinking lights and other revelations”, por favor. Está compuesto y cantado por un loco, es decir, un buen hombre, una de esas personas que nos redime a los vulgares microbios.


eels

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19.2.05

Lata



Transistor radio
M. Ward

Este disco empieza de la mejor forma posible. De la única posible: una versión de “You still believe in me”, la canción más bonita de todos los tiempos.

M. Ward la instrumentaliza, elimina la letra y la guarda en una pequeña lata. Para ese fin fue compuesta por Brian Wilson: un secreto de niño, para abrirla cuando lo dejan solo en casa sin motivo y es demasiado tarde.

Desde el prodigioso “Transfiguration of Vincent” (2003), de Ward esperaba precisamente esto: tormentas de polvo, cicatrices admitidas por el viajero.

Mi abuelo hubiese disfrutado “Transistor radio” tanto como yo.

No hay época en “Sweetheart on parade” o la tremenda “Paul’s song”. Es música, no responde a preceptos, se limita a la emoción.

To all the people in the ground
Listening to the sound of the living people walking up and down the graves
Well one of them is mine
I'm visiting my fräulein
She's only one breath away

Este disco concluye de la mejor forma posible. De la única: una versión de “La clave bien templada” de J.S. Bach.

Abuelo, ésta es para nosotros.

matador records
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17.2.05

Natural



End of love
Clem Snide


Eaf Barzelay, el inspirado cantante-guitarrista-compositor de Clem Snide, sigue en la buena senda en el quinto disco del grupo: su definitivo ángel de la guarda es Neil Young, a cuya dimensión parece acercarse cada vez más.

Melancólico, rodeado de amigos –gente de la nueva aristocracia estadounidense (Lambchop, The Lounge Lizards, Crooked Fingers, Calexico)-, Barzelay camina por terrenos country & western enlazando la turbulencia de estos tiempos de absurda complacencia con un sentido del humor noble e incisivo.

Aquí hay bocetos casuales, apuntes del natural, sobre la salvación, el hip-hop, los automóviles utilitarios y el amor idiota como método de combatir el vacío.

Otro buen disco de una banda que crece.


clem snide
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16.2.05

R-e-s-p-e-t-o



Nobody's listening / Nobody's watching
Pernice Brothers

En la múica de Joe Pernice y su gente, como las películas de Clint Eastwood, nada sobra y nada falta.

Ya lo sabíamos gracias a discos como “Overcome by happiness” (1998), el inolvidable “World won’t end” (2001) y “Yours, mine & ours” (2003).

Ahora, para quien no alcance a distinguir su categoría, editan un doble compacto-vídeo disco que muestra sus modos sobre el escenario.

En directo los Pernice ganan en crudeza y pierden en matices. Así debe ser cuando la música está presidida por la emoción, aunque, por desgracia, en las mezclas han limitado la pegada de la voz de Pernice.

Pese a todo, está bien este tal-como-es. Los Pernice son un grupo de verdad, de carretera y sudor. En “Sometimes I remenber”, “Clear spot”, “Monkey suit” y la inesperada versión de “Talk of the town”, de los Pretenders, llevan el pop al terreno corporal y demuestran que lo alcanzado en el estudio no era un truco digital.

El DVD incluye clips y un documental sobre la vida en el asfalto de una banda que sólo merece r-e-s-p-e-t-o.

pernice brothers
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15.2.05

Tijeras





I'm wide awake, it's morning
Digital ash in a digital urn

Bright Eyes


Desde los 14 años, Conor Oberst optó por la música.


Si su primer grupo, Commander Venus, fue poco más que una broma ‘indie’ sin más consistencia que la enervada adolescencia de sus barbilampiños integrantes, la carrera en solitario del muchacho de Nebraska, a menudo bajo diferentes alias, ha adquirido tal jerarquía como para atreverse ahora a publicar dos discos al mismo tiempo.

¿Vanidad de engreído superestrella?


En parte sí, desde luego. Como sucedió a los Beatles con el ‘álbum blanco’, a los Who con "Tommy", a Jimi Hendrix con “Electric ladyland” y a Thomas Mann con “La montaña mágica”, algún buen amigo debió aconsejar a Oberst que la tijera no sólo corta, sino que también dignifica.

Partiendo de esa base, los dos nuevos discos de Bright Eyes –el seudónimo por el cual alcanzó la fama con el notable “Lifted or the story is in the soil, keep your ear to the ground” (2002)- contienen preciosas canciones, sobre todo “I’m wide awake, it’s morning”, donde explora su querencia más acústica y se acerca al terreno del susurro confesional de, por ejemplo, Gram Parsons. No es casualidad que la musa del llorado vaquero cósmico, la señora Emmylou Harris, aparezca en tres piezas con sus armonías de nubosa transparencia (“Landlocked blues”, “Our soul song” y “We are nowhere and it's now”). Otro invitado que fecunda la línea campestre es Jim James (My Morning Jacket).

El segundo disco “Digital ash in a digital urn” peca, precisamente, de indefinición. Da la impresión de que a Oberst no le guste llevar el mismo tipo de ropa y, en una maniobra un tanto infantil, pretenda decirnos que es demasiado inteligente como para ser simplemente un buen compositor folk. Así, se mete a explotar la vena cínico-industrial de la peor calaña. Su padrino es esta vez Nick Zinner, de los pedantes Yeah Yeah Yeahs, cuya presencia nunca permitiría en mi casa.

Lástima de tijeras.

saddle creek
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14.2.05

Pijos



I am a bird now
Antony and the Johnsons

La chica de la portada es Candy Darling, una de aquellas patéticas parias solitarias y vacías a las que el no menos vacuo, aunque no para las finanzas, Andy Warhol convertía en ‘super stars’ para mayor gloria de su presunto arte y su nada presunta cuenta corriente.

Darling murió de leucemia; el autor de la foto, Peter Hujar, de sida; Warhol, de fama. Siempre hubo clases: Marx no ha muerto, camarada.

Iconicemos el mundo. Ya lo hizo Lou Reed (que cantó “Candy says” para chupar médula de cadáveres otra vez) y le salió bien la jugada. En las facultades de Filología se pelean ahora por sus conferencias.

Pero esto es un disco. Sólo un disco. Eso mismo: otro disco. Con Reed de padrino invitado, por cierto, susurrando una nueva memez -“I was lying in my bed last night"- como si se tratase de un soneto perdido de Rimbaud.

El tal Antony, un pianista de Manhattan, la ciudad más pija del mundo, canta como Boy George –otro que también se asoma como comensal-, intenta emular a Bryan Ferry (que era hijo de mineros y se notaba) y dice inspirarse en Nina Simone (que era nieta de esclavos y lo sufría).

Pobre inocente niño pijo.

Falso, falso como Manhattan. Me atreveré a la incorreción política, esta cosa hedionda lo merece: una mariconada.

antony and the jonhsons
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13.2.05

Uñas



Awfully deep
Roots Manuva

Rodney Smith nació y creció en Stockwell, uno de esos barrios del sur gris de Londres. Sus padres, de Banana Hole-Jamaica, en el Caribe caliente, habían migrado a la metrópoli buscando lo que nunca ofrecen nuestras cárceles de primer mundo: vida.

El hijo, como le decía su madre para disfrazar la vergüenza, vestía ropa de “nueva segunda mano” (título de su primer disco, “Brand new second hand”, editado en 1999) y estaba condenado a aprovechar las migajas que el status quo ofrece a los sobrantes: no hay búrbujas de brit-pop ni escuelas de diseño en South London.

Pero Rodney bajaba a la calle, al destartalado skate park del barrio, donde otros negros como él brincaban sobre la basura para dibujar maniobras doradas en el cielo. Mientras tanto, del sound system portátil emergía el puño, la gloria, el grito, el alimento…

Roots Manuva sabe que no sólo de las palabras nace el mensaje: también del ruido y de las uñas rotas de tanto arañazo, no por inútil menos orgulloso.

“Awfully deep” me devuelve a lo que, día a día, tiene más valor de certeza: la única música profunda, con alma y rebeldía de estos tiempos axiales es el hip-hop.


Donde el rock ofrece parodia, el rap regala vida y horizonte. Quien sostenga lo contrario es un fanático maximalista o un nostálgico vocacional.

Una jungla, un llanto. Roots significa raíces. Eso es. Amor.
Un discazo, una belleza, dolorosa y poética.

roots manuva
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10.2.05

Atardeceres



Bonnie ‘Prince’ Billy & Matt Sweeney
Superwolf

Uno de los más logrados alter-egos de Will Oldham –el Fernando Pessoa del pop- es el de Bonnie ‘Prince’ Billy, heterónimo con el que firmó los turbios y delicisosos “I see a darkness” (1999), “Ease down the road” (2001) y “Master and everyone” (2003).

Ahora, en compañía de Matt Sweeney, ex guitarrista Zwan, regresa a las andadas, es decir, a los campos tenebrosos de la desesperanza.

Los créditos afirman que la música es de Sweeney y las letras de Oldham-Billy, pero, si se trata de algo cierto, queda claro que el primero ha decidido adoptar los modales musicales del segundo: carnosas baladas en las cuales el drama asusta más por lo que se oculta que por lo que se muestra.

“Only someone running”, “My home is the sea” y “Death in the sea” son de lo mejor grabado nunca por Oldham, a cuyas canciones monocordes ensarta Sweeney una poderosa –no por chirriante, sino por efectiva- guitarra eléctrica.

Un disco para los atardeceres.

bonnie 'prince' billy

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9.2.05

Fracaso escolar



Gemstones
Adam Green

Adam Green podría aprobar el casting de uno de esos anuncios publicitarios donde los chicos nunca se afeitan y tienen modales de mandril: es burro y payaso y está vacío.

Pese a las bonitas melodías –también los nazis tenían himnos-, su bestiario es de una simpleza tal que uno se pregunta si el predicamento del que goza está relacionado con algún tipo de virus.

¿Ejemplos? En “Carolina”, nombre de protagonista elegido simplemente porque rima con ‘vagina’, canta: “sus labios saben como barcos hundidos pero sus tetas saben como el desayuno”. En “Over the sunrise” añade: “Me enferma follar en el metro / Tenemos que hacerlo en un hermoso Mustang”.

Si de mi dependiera: otra vez al colegio con él.

adam green
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8.2.05

Duro



The secret migration
Mercury Rev


Debe resultar duro: media docena de discos intentando ser Pink Floyd para comprobar que Pink Floyd ya no son y, acaso, nunca fueron.

mercury rev
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7.2.05

Hambre



Tap the red cane whirlwind
Kelly Joe Phelps

Poeta de la tensión y las malas tierras, Kelly Joe Phelps llega al séptimo disco de una catálogo modélico con “Tap the red cane whirlwind”, una grabación en los huesos, desnuda de adornos: un escenario, el guitarrista y la voz.

Versiones de su propio cancionero –con las deslumbrante “Jericho” y “Gold tooth” como puntos de más ardiente clímax- y dos retornos a aquellos tiempos en los que él, y todos, desearíamos haber vivido: “Hard time killin’ floor blues”, de Skip James, y “I am the light of the world”, del reverendo Gary Davis.

El disco, grabado el año pasado en dos pequeños locales de California, suena a blues rural, a tormenta de arena, a mal café, a hambre, a sexo y ruina.

Como en estudio –“Slingshot professionals” (2003)-, Phelps no se contenta con la arqueología y el tributo. Su técnica como guitarrista es notable, pero, al igual que no es necesario hablar demasiado para ser buen orador, la esconde para dejar entrar el error, el impulso del momento. Prolonga las canciones para que ellas mismas muestren una deriva.

Un tipo que sabe, como dijo alguna vez de él el no menos ilustre Steve Earle, que el blues es un camino de soledad que nos confirma que nunca estamos solos.


kelly joe phelps
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